viernes, 27 de febrero de 2015

Strauss y Ligeti: el espacio sensorial de la intelectualidad

Resulta verdaderamente llamativo que en la segunda parte de este concierto se dieran cita dos obras que en plena carrera espacial de la década de los 60 fueron puestas al servicio de la ciencia ficción ideada por Stanley Kubrick en su mítica película 2001: Una odisea en el espacio. Y es que quizá no ha existido nunca en la historia del séptimo arte una pieza tan impactante de música contemporánea en aquel 1968 comparable a la que da inicio al film, utilizada magistralmente por el director británico durante más de tres minutos sin necesidad de que aparezca nada en la oscura pantalla, concediendo único protagonismo al inquietante ambiente sonoro producido por esas rugosas texturas e interminables clústers de las Atmósferas de Gyorgy Ligeti, que nos remontan visual y oníricamente a la protohistoria de nuestro proceso evolutivo como seres humanos.


Y así como Kubrick interrumpe la propia evolución discursiva de la extrasensorial obra de Ligeti para ceder paso inmediatamente a la imponente introducción del poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss para mostrar el título de crédito inicial de la película, de esa misma forma pretendió sabiamente el maestro uruguayo Carlos Kalmar ofrecer ambas obras, sin solución de continuidad entre ellas, yuxtaponiéndolas, como si contemplásemos dos obras pictóricas de distintas épocas, alimentando en la mente y los sentidos del espectador la honda impresión (y hasta conmoción, diríamos) que ambas generan.



miércoles, 18 de febrero de 2015

ORTVE y Ah Ruem Ahn: de impresiones y expresiones

El que fuera titular durante una década de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, el maestro británico Adrian Leaper, fue el director invitado encargado de comandar este atractivo concierto de abono en el que el Teatro Monumental daba la bienvenida a la pianista coreana Ah Ruem Ahn (1984), ganadora del Segundo Premio y Medalla de Plata en el XVII Concurso de Piano de Santander, cuya principal promotora, Paloma O’Shea, se encontraba naturalmente entre el público.



Fue precisamente con una piedra de toque para todo pianista, el Concierto para piano número 2 de Chopin, la obra con la que esta joven promesa convenció ampliamente al auditorio, dando sobradas muestras de una absoluta penetración en el universo expresivo del compositor polaco. Apoyada en un acompañamiento orquestal respetuoso y equilibrado, pero en todo momento muy presente, Ah Ruem Ahn exhibió un sentido pleno de la musicalidad en una interpretación que se ha mostrado verdaderamente excelente y admirable a nivel técnico y de expresión.


martes, 3 de febrero de 2015

"Lady, be good" y "Luna de miel en el Cairo" en la Zarzuela

El Teatro de la Zarzuela se ha engalanado por todo lo alto para llevar a escena un programa doble en el que se unen por igual el espíritu de la diversión y el entretenimiento en estado puro: de un lado el musical americano Lady, be good! (1924) de George Gershwin y de otro la opereta con tintes revisteriles Luna de miel en El Cairo (1943) del maestro Francisco Alonso. El principal responsable de hilvanar el acertado encaje escénico de estas dos obras ha sido el regista Emilio Sagi, que ha apostado por propuestas teatrales de una gran vistosidad visual en las que el movimiento coreográfico vehicula sin tregua la acción. A pesar de la evidente relación estilística entre ambas obras, Sagi ha sabido recrear con oficio el genuino ambiente de cada una acercándose a ellas con respeto a sus singularidades teatrales, si bien con algunas concesiones escénicas en la pieza española de su casi siempre riguroso criterio.


En la obra del compositor americano (que se estrena en España en la presente producción), la atmósfera propiamente de musical se respira nada más destaparse el primer decorado en el que aparecen los dos hermanos Trevor, tras el que se presenta envuelto en todo el esplendor de la jet set neoyorquina el salón de la señora Josephine Vanderwater, anfitriona de la animada fiesta que allí se celebra, en la cual los sofás giratorios y los flexibles movimientos del servicio recrean, con el soporte de la vibrante y estilizada música jazzística de Gershwin, un torbellino de ritmo sincopado que irá in crescendo a lo largo de la obra y que alcanza uno de sus clímax de imparable y desenfrenado pulso rítmico en el número bomba del primer acto (“Fascinating rhythm”), entonado por un personaje secundario, el cantante, bailarín y pianista de cafetín Jeff Thomas, cuyo pegadizo tema, junto a la canción que da título al musical entonada poco después por Watty Watkins, llegaron a convertirse en hits indiscutibles en la época dorada de los felices 20.