miércoles, 4 de marzo de 2015

Réquiem de Verdi en el Monumental: tocando la fibra sensible

27/2/2015. Teatro Monumental (Madrid). Misa de Réquiem (Verdi).

Noche de Réquiem verdiano en el Monumental. El conjunto orquestal y coral de la radiotelevisión pública se ponía a las órdenes de su director titular Carlos Kalmar para ofrecer la Misa de Réquiem más operística jamás compuesta, la que Giuseppe Verdi dedicara en 1874 a la memoria de su amigo Alessandro Manzoni, una de esas obras de gran repertorio que siempre convocan a múltiples aficionados en las salas de concierto por condensarse en ella algunos de los mayores logros en expresión y dramatismo del maestro de Busetto.


La concepción del maestro uruguayo se ha definido por su fuerte apasionamiento, vehemencia y desgarro. Fue la suya una de esas versiones profundas, abiertamente incisivas, en las que el drama latió y traslució por todos los poros de la música. Las dos formaciones corales reunidas (unos intachables Coro de RTVE y Coro Nacional de España) se hacían partícipes en todo momento del fragor de la batalla a pesar de que en ciertos pasajes forte se veían abrumadas por el marmóreo caudal de la orquesta de RTVE (que hacía vibrar especialmente en el recurrente tema del Dies irae). Un clima que el viento metal (atribuido desde tiempo inmemorial a la descripción del averno) contribuían a subrayar en pasajes de gran efecto como en el aludido del juicio final, en el Tuba Mirum o en el Sanctus. El intrínseco carácter contemplativo del Réquiem verdiano también era perfilado sobremanera por la puntillista batuta de Kalmar, con un muy doliente Lacrimosa, altamente conseguido a nivel de concertación de voces, que estremecía hasta llegar a lo más hondo de la fibra sensible, como por ejemplo también lo hacían esos solos del coro masculino en la teatral secuencia final.

viernes, 27 de febrero de 2015

Strauss y Ligeti: el espacio sensorial de la intelectualidad

Resulta verdaderamente llamativo que en la segunda parte de este concierto se dieran cita dos obras que en plena carrera espacial de la década de los 60 fueron puestas al servicio de la ciencia ficción ideada por Stanley Kubrick en su mítica película 2001: Una odisea en el espacio. Y es que quizá no ha existido nunca en la historia del séptimo arte una pieza tan impactante de música contemporánea en aquel 1968 comparable a la que da inicio al film, utilizada magistralmente por el director británico durante más de tres minutos sin necesidad de que aparezca nada en la oscura pantalla, concediendo único protagonismo al inquietante ambiente sonoro producido por esas rugosas texturas e interminables clústers de las Atmósferas de Gyorgy Ligeti, que nos remontan visual y oníricamente a la protohistoria de nuestro proceso evolutivo como seres humanos.


Y así como Kubrick interrumpe la propia evolución discursiva de la extrasensorial obra de Ligeti para ceder paso inmediatamente a la imponente introducción del poema sinfónico Así habló Zaratustra de Richard Strauss para mostrar el título de crédito inicial de la película, de esa misma forma pretendió sabiamente el maestro uruguayo Carlos Kalmar ofrecer ambas obras, sin solución de continuidad entre ellas, yuxtaponiéndolas, como si contemplásemos dos obras pictóricas de distintas épocas, alimentando en la mente y los sentidos del espectador la honda impresión (y hasta conmoción, diríamos) que ambas generan.



miércoles, 18 de febrero de 2015

ORTVE y Ah Ruem Ahn: de impresiones y expresiones

El que fuera titular durante una década de la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE, el maestro británico Adrian Leaper, fue el director invitado encargado de comandar este atractivo concierto de abono en el que el Teatro Monumental daba la bienvenida a la pianista coreana Ah Ruem Ahn (1984), ganadora del Segundo Premio y Medalla de Plata en el XVII Concurso de Piano de Santander, cuya principal promotora, Paloma O’Shea, se encontraba naturalmente entre el público.



Fue precisamente con una piedra de toque para todo pianista, el Concierto para piano número 2 de Chopin, la obra con la que esta joven promesa convenció ampliamente al auditorio, dando sobradas muestras de una absoluta penetración en el universo expresivo del compositor polaco. Apoyada en un acompañamiento orquestal respetuoso y equilibrado, pero en todo momento muy presente, Ah Ruem Ahn exhibió un sentido pleno de la musicalidad en una interpretación que se ha mostrado verdaderamente excelente y admirable a nivel técnico y de expresión.